Querido “yo” del pasado: la policía, y otros órganos de justicia 

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Y cuando vas a denunciar, la policía se ríe de ti. Que si tienes un móvil decente no puedes pasar penurias, que no es tan grave, que menudas pintas, que mira qué cara, que mira qué gorda, incluso me he encontrado con quien me decía que hiciera la justicia con mi mano porque estaban cansados de arrestarlos. 

Pero luego les veía en las manifestaciones desfogando la “rabia” de ese trabajo bien hecho. 

Tampoco me fue bien en el proceso judicial. Todos son inocentes hasta que se demuestra lo contrario, y la persona que denuncia es sometida a mucha presión que, dado mi estado de salud emocional, me daban cada vez más ganas de quitarme del medio. 

Los abogados sólo quieren ganar los casos, y les da igual lo que sufra la persona en ese proceso. Resulta agotador. 

Y cuando llegamos al juez, ya sólo deseas que todo termine. 

Cada vez que he tenido que enfrentarme a este proceso, he acabado drogada para poder afrontarlo, y eso ha jugado en mi contra, pues llegaba un punto en el que ni yo misma me enteraba de lo que decía.

Lo único que quería era que esas personas salieran de mi vida, o me devolvieran mis cosas en los casos de robo. 

Si, he llegado a tener mucho miedo de volver a repetir estos procesos, y me he vuelto blanda, pues muchas veces llegaba a acuerdos porque pasara lo más rápido posible y nunca se cumplieron esos acuerdos. Pero ya no tenía fuerzas para volver a removerlo. 

Me da miedo la justicia de este país, si es que a estos procesos se les puede llamar justicia, y, sinceramente, he aprendido que es mejor no denunciar. 

He aprendido a valorarme más a mí misma para no permitir que estas historias se volvieran a repetir, evitando volver a estar en estas tesituras. 

Sin embargo, también he conocido algún policía que se sale de estos términos tema genéricos (basados en la experiencia), que me han asesorado cuando he tenido un problema o un revés de la vida. 

Esto me ha devuelto algo de esperanza en que el sistema judicial puede cambiar, pero es algo que veo muy lejano. 

He aprendido que una orden de alejamiento no tiene validez, y que si llamas a pedir ayuda porque se la han saltado también se ríen de ti los policías, y el abogado de la otra parte. 

Y me volví independiente, acepté que en este mundo ocurren injusticias que no podrán solventar, y que a veces, es mejor una mudanza por el bien de la paz interior. 

Aún hoy se me remueve todo cuando veo a un policía, por todo esto que explicaba, y huyo de los que se presentan como abogados. 

Es un sentimiento de impotencia, de ver que la justicia y las leyes de hoy no aplican cuando se trata de proteger a una persona, que estuve con rabia mucho tiempo. Sin embargo, he aprendido que el ser humano es imperfecto, y también sus leyes y sus cargos. 

Tan sólo con la sensación de trabajar en mí misma para poder superarlo. Y aquí estoy, escribiendo sobre lo que un día pensé que serían mis tabúes. 

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