Querido “yo” pasado: maltrato

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Tenía tan baja la autoestima por el bulling que me lancé en los brazos de los primeros que me decían cosas bonitas sobre mí misma. Tenía el autoestima tan baja que soporté, contra viento y marea, humillaciones, robos, pasar hambre, que me alzaran la mano y mucho más. Te diría que todo por violencia de género, pero alguno fue el bastón sobre el que te apoyabas para seguir viviendo. 

Tremenda impotencia, rabia, ira, contra esas personas y contra mí misma, por creerme la culpable de esto. 

No te voy a decir que soy una santa, que no hacía nada. Sabes que siempre fui muy rebelde. Si me decían: no hagas esto. Yo decía: pues toma tres tazas. 

Finalmente me consiguieron aislar, o no tenía llaves para controlarme mejor, o no tenía las fuerzas necesarias para quedar con las personas que me importaban. Y perdí a muchos en el camino por esto.

Para soportarlo, caí en las drogas, me ayudaba porque me olvidaba de todo por un rato, dejaba el dolor tan grande que soportaba a un lado y podía ser feliz, por lo menos, en ese instante en el que volaba la imaginación hacia vidas mejores, vidas que, por otra parte, me merecía.

Pero el miedo me bloqueaba a salir de ahí. Más cuando defienden estas actitudes otras personas que quieres, y te repiten una y otra vez que te lo merecías, que sólo son así contigo por cómo eres. Puedo entender su rabia y frustración a día de hoy, sus celos. Pero nada justifica esos comportamientos. No me digas que son así y hay que aceptarlos como son, pues nada justifica la violencia verbal y física. 

Aún así, de nuevo, como con el bulling, les perdoné, y de nuevo, no porque se lo merecieran, sino porque era una carga demasiado pesada para mí. Cada vez que me negaba a perdonarles, aparecía en mi vida otra persona igual o peor, hasta que un día, con rabia e impotencia, pregunté a la psicóloga por qué estaba en un bucle de tanta violencia y su respuesta fue: porque tienes que sanar tus heridas primero. 

Mi vida no ha sido un camino de rosas, y me di cuenta, según iba sanándolas, que cada vez me entendía con menos personas, por el grado de madurez que traía la sanción de estas heridas. Me di cuenta de lo increíblemente violenta que es esta sociedad, sobre todo debatiendo, y dejé de debatir (con lo que me gustaba) hasta encontrar personas no violentas con las que volví a disfrutar debatiendo. 

Como no podía ser de otra forma, conocí a una persona que había sufrido mucho en su vida, a quien admiraba porque no daba importancia a detalles que a mí me agobiaban, de la cual quería aprender, y, que además, había podido viajar y vivir, cosa que me había negado con tanto sufrimiento. Disfrutaba cada historia que me contaba, y me volví a enamorar, solo que esta vez, me tratan como merezco, con respeto. Con esta persona pude dar carpetazo a todo aquello. 

Seguí trabajando el autoestima, aprendí a decir las cosas que me molestaban para no callarme nunca más. Aprendí de nuevo a abrirme a otras personas. 

Con el tiempo son sólo recuerdos, un poco amargos, pero ya no duelen. 

Perdí muchas amistades en el camino, pero aprendí a reconocer a los amigos de verdad, esos que te escuchan cuando hablas y no te juzgan, con quien puedes ser tú misma sin necesidad de esconderte porque “estás mal y eres defectuosa”. 

Con el tiempo aprendí que he perdido tantos años sin vivir que es ahora, cuando quiero empezar a vivirlo todo con intensidad, empezar a salir de casa de nuevo, porque me aislé, tenía miedo a salir de casa con todo esto. Tengo ganas de vivir la vida que me he perdido sufriendo. 

Y aunque económicamente no estás mucho mejor que antaño, hay muchas cosas para disfrutar y son gratis, como los abrazos que tanto querías, una caricia, un paseo tranquilo por el parque, una conversación tranquila, y muchas más cosas que voy descubriendo en lo que es “mi nueva vida”.

Poco a poco todo va estando mejor, cada vez faltan menos cosas por alcanzar. 

Ahora estoy en un CRL, para ver qué profesiones tienen menos estrés y ansiedad para mí, aprendiendo a gestionarla, para que esto también sea más fácil de mantener, sin tantas crisis de ansiedad como he tenido a lo largo de estos años. 

Soy una mujer nueva, con mucha experiencia, en un cuerpo joven, el deseo de muchas personas mayores, y eso, hay que aprovecharlo. 

Pensar que todo es pasajero y que de todo se puede salir, con voluntad, me enseñó a poner límites y no aguantar lo que no quiero vivir o aguantar de nuevo, porque la vida no es eso, la vida es mucho más. 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Relato esperanzador que expresa un dolor vivido en primera persona y presiente las luces al final del túnel.
    Gracias por vivir, Susana.

    Le gusta a 1 persona

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